
El gobierno islámico del Presidente Mahmoud Ahmadinejad se ha embarcado en una de las más intensas campañas represivas contra la disidencia interna de los últimos veinte años, apuntando a grupos tan diversos como los sindicatos de trabajadores, mujeres, estudiantes y organizaciones cívicas.
No es la primera vez que el régimen de Teherán responde así a las presiones externas e internas. Pero ahora hay una gran diferencia: ante el desinterés de la prensa local, los iraníes están grabando con sus teléfonos celulares lo que sucede y suben las imágenes a internet para poder mostrar al mundo lo que el Estado no quiere que se sepa.
"¡Queremos libertad! ¡No queremos el velo!", grita una mujer mientras es subida a la fuerza a un auto policial por no vestir a la usanza islámica. Su rostro está totalmente ensangrentado.
Otro video muestra a una mujer que es subida a un auto policial con un puntapié en su estómago. ¿La razón? No llevar velo.
Está prohibido que las mujeres vistan pantalones cortos, faldas estrechas o cortas, o pañuelos demasiado pequeños que dejen ver su cabello.
En otra de las imágenes se ve a un joven que, tomado del pelo, es arrastrado por el pavimento mientras ocho policías lo golpean brutalmente a puntapiés y bastonazos hasta dejarlo inconsciente. ¿El motivo? Vestir ropa "occidental".
Sólo en abril la policía detuvo a 150 mil iraníes por no vestirse adecuadamente.
Desde entonces, la campaña represiva ha ampliado sus objetivos. Estudiantes y líderes sindicales han sido arrestados, y profesores han sido acosados por rehusarse a firmar declaraciones que denuncian el actuar de Israel.
Las antenas satelitales también son víctimas de esta represión, al igual que los peluqueros, quienes reciben multas si realizan cortes de pelo "occidentales". Quienes participen en una película pornográfica pueden ser condenados a muerte, mientras se ha anunciado que se fabricarán bicicletas islámicas para las mujeres, las que cubrirán la mitad de su cuerpo con una cabina.
"Gracias a internet y a sitios como Youtube se puede dar un pequeño vistazo a lo que sucede en Irán y descubrir la existencia de un amplio movimiento de protesta, del que la prensa jamás ha hablado", relata a "El Mercurio" Maryam Namazie, una iraní que se fue de su país cuando era adolescente y ahora, desde Londres, intenta llamar la atención por la represión que sufren las mujeres en su país.
Los medios de comunicación iraníes, y los extranjeros que tienen oficinas en el país, también están bajo la lupa del gobierno. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional les envió un listado de tres páginas sobre los temas que tienen prohibido tocar.
"Siempre está el peligro de que, en reacción a estas protestas, los regímenes autocráticos intensifiquen aún más la represión sobre la sociedad civil. Pero el silencio ante la represión no es una respuesta válida", afirma a "El Mercurio" Shaul Bakhash, profesor iraní de historia de la Universidad George Mason y marido de Haleh Esfandiari, académica que está detenida en Teherán acusada de tener vínculos con una red que busca derrocar al gobierno de Ahmadinejad (ver relacionado).
Hay quienes ven la represión del gobierno como un intento de acallar a los sectores más moderados que piden un mayor acercamiento a Occidente. Pero otros lo ven como un intento de establecer un firme control sobre la situación interna mientras el país se prepara para una posible guerra, el aislamiento internacional o sanciones económicas por insistir en llevar adelante su programa nuclear.
Triquiñuela.
Pero para iraníes como el diputado conservador Mohammad Rahbar, la razón está en lo corrompida que está la sociedad: "La situación actual es una vergüenza. Un hombre que ve a las modelos en la calle ya no presta atención a su esposa a su vuelta a casa, lo que destruye los cimientos de la familia".
El temor de la sociedad iraní es considerable. Y lo reflejan otros videos subidos, como el de un grupo de muchachos que para poder darles sus números de teléfono a unas jóvenes que conversan en un parque, pasan corriendo al lado de ellas y se los tiran anotados en unos papelitos. Rápidamente desaparecen, al igual que las mujeres, quienes toman los números y se desperdigan rápidamente.
Así evitan ser captadas por los estrictos y omnipresentes ojos del régimen.
Una iraní-norteamericana en la cárcel de Evin.
Cuatro iraníes-norteamericanos están acusados de poner en peligro la seguridad nacional de Irán.
Entre ellos está Haleh Esfandiari, académica del Centro Woodrow Wilson, quien ayer cumplió 39 días en la prisión de Evin, en Teherán.
Su marido, Shaul Bakhash, relata desde Virginia a "El Mercurio" que sólo saben de ella por "algunas llamadas telefónicas que se le permiten realizar, principalmente a su madre. Pero solamente pueden durar un minuto cada una".
Bakhash cuenta que "nada importante se puede decir en esas conversaciones, ya que siempre hay un guardia al lado de ella".
Tanto a la madre de Haleh como a su abogado les han negado la posibilidad de visitarla.
"Estoy muy preocupado por su salud física y mental. Los interrogatorios en Evin son duros: incluyen vendaje de ojos, intimidación, amenazas y mentiras, todo diseñado para desorientar al detenido y extraer confesiones falsas", afirma Bakhash, quien agrega que "en Evin hombres y mujeres mucho más jóvenes han perdido el control por los interrogatorios. En 2003, una fotógrafa canadiense-iraní murió durante un interrogatorio en esta prisión".
No es la primera vez que el régimen de Teherán responde así a las presiones externas e internas. Pero ahora hay una gran diferencia: ante el desinterés de la prensa local, los iraníes están grabando con sus teléfonos celulares lo que sucede y suben las imágenes a internet para poder mostrar al mundo lo que el Estado no quiere que se sepa.
"¡Queremos libertad! ¡No queremos el velo!", grita una mujer mientras es subida a la fuerza a un auto policial por no vestir a la usanza islámica. Su rostro está totalmente ensangrentado.
Otro video muestra a una mujer que es subida a un auto policial con un puntapié en su estómago. ¿La razón? No llevar velo.
Está prohibido que las mujeres vistan pantalones cortos, faldas estrechas o cortas, o pañuelos demasiado pequeños que dejen ver su cabello.
En otra de las imágenes se ve a un joven que, tomado del pelo, es arrastrado por el pavimento mientras ocho policías lo golpean brutalmente a puntapiés y bastonazos hasta dejarlo inconsciente. ¿El motivo? Vestir ropa "occidental".
Sólo en abril la policía detuvo a 150 mil iraníes por no vestirse adecuadamente.
Desde entonces, la campaña represiva ha ampliado sus objetivos. Estudiantes y líderes sindicales han sido arrestados, y profesores han sido acosados por rehusarse a firmar declaraciones que denuncian el actuar de Israel.
Las antenas satelitales también son víctimas de esta represión, al igual que los peluqueros, quienes reciben multas si realizan cortes de pelo "occidentales". Quienes participen en una película pornográfica pueden ser condenados a muerte, mientras se ha anunciado que se fabricarán bicicletas islámicas para las mujeres, las que cubrirán la mitad de su cuerpo con una cabina.
"Gracias a internet y a sitios como Youtube se puede dar un pequeño vistazo a lo que sucede en Irán y descubrir la existencia de un amplio movimiento de protesta, del que la prensa jamás ha hablado", relata a "El Mercurio" Maryam Namazie, una iraní que se fue de su país cuando era adolescente y ahora, desde Londres, intenta llamar la atención por la represión que sufren las mujeres en su país.
Los medios de comunicación iraníes, y los extranjeros que tienen oficinas en el país, también están bajo la lupa del gobierno. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional les envió un listado de tres páginas sobre los temas que tienen prohibido tocar.
"Siempre está el peligro de que, en reacción a estas protestas, los regímenes autocráticos intensifiquen aún más la represión sobre la sociedad civil. Pero el silencio ante la represión no es una respuesta válida", afirma a "El Mercurio" Shaul Bakhash, profesor iraní de historia de la Universidad George Mason y marido de Haleh Esfandiari, académica que está detenida en Teherán acusada de tener vínculos con una red que busca derrocar al gobierno de Ahmadinejad (ver relacionado).
Hay quienes ven la represión del gobierno como un intento de acallar a los sectores más moderados que piden un mayor acercamiento a Occidente. Pero otros lo ven como un intento de establecer un firme control sobre la situación interna mientras el país se prepara para una posible guerra, el aislamiento internacional o sanciones económicas por insistir en llevar adelante su programa nuclear.
Triquiñuela.
Pero para iraníes como el diputado conservador Mohammad Rahbar, la razón está en lo corrompida que está la sociedad: "La situación actual es una vergüenza. Un hombre que ve a las modelos en la calle ya no presta atención a su esposa a su vuelta a casa, lo que destruye los cimientos de la familia".
El temor de la sociedad iraní es considerable. Y lo reflejan otros videos subidos, como el de un grupo de muchachos que para poder darles sus números de teléfono a unas jóvenes que conversan en un parque, pasan corriendo al lado de ellas y se los tiran anotados en unos papelitos. Rápidamente desaparecen, al igual que las mujeres, quienes toman los números y se desperdigan rápidamente.
Así evitan ser captadas por los estrictos y omnipresentes ojos del régimen.
Una iraní-norteamericana en la cárcel de Evin.
Cuatro iraníes-norteamericanos están acusados de poner en peligro la seguridad nacional de Irán.
Entre ellos está Haleh Esfandiari, académica del Centro Woodrow Wilson, quien ayer cumplió 39 días en la prisión de Evin, en Teherán.
Su marido, Shaul Bakhash, relata desde Virginia a "El Mercurio" que sólo saben de ella por "algunas llamadas telefónicas que se le permiten realizar, principalmente a su madre. Pero solamente pueden durar un minuto cada una".
Bakhash cuenta que "nada importante se puede decir en esas conversaciones, ya que siempre hay un guardia al lado de ella".
Tanto a la madre de Haleh como a su abogado les han negado la posibilidad de visitarla.
"Estoy muy preocupado por su salud física y mental. Los interrogatorios en Evin son duros: incluyen vendaje de ojos, intimidación, amenazas y mentiras, todo diseñado para desorientar al detenido y extraer confesiones falsas", afirma Bakhash, quien agrega que "en Evin hombres y mujeres mucho más jóvenes han perdido el control por los interrogatorios. En 2003, una fotógrafa canadiense-iraní murió durante un interrogatorio en esta prisión".
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