La visión de los sofistas no es ya sólo negativa. Es bastante lo que se les debe. Geniales pedagogos, fundadores de la educación formal en occidente (lógica, retórica, dialéctica), son "los primeros humanistas" (Jaeger), aportes en gramática, a la libertad intelectual, y, en fin, fueron representantes de la alta cultura. Pero no es el aspecto histórico el que me interesa, sino comprobar cómo la critica de Platón sigue estando vigente: "la sofística no está tan alejada de nosotros como se piensa" (Hegel). Platón reconoció y llamó sofística a un peligro no sólo de su época, sino al que parece acompañar en todo tiempo a la vida del espíritu y la sociedad. En este sentido los sofistas han pasado a designar la desvirtuación del filósofo, una "pseudosabiduría" (Aristóteles), la tentación permanente del filósofo. Es una amenaza tanto más peligrosa cuanto más alto es el nivel de cultura formal que despliega.
Corresponde a la naturaleza de la sofística su difícil identificación. Es conocido que Sócrates pasaba por sofista para un hombre tan genial como Aristófanes, es decir, fue injustamente confundido con lo que había más opuesto a su ser. Platón al imitar magistralmente los discursos sofistas, pudo dar forma a su peligro más auténtico, al peligro inmanente de sus virtudes artísticas. Su decisión de arrojar al fuego sus tragedias revela la tensión interior que experimentó al vincularse con Sócrates. Por una parte posee la naturaleza del gran escritor sensible a todos los matices lingüísticos y sabe manejar soberanamente todos los medios artísticos sofísticos; y de la otra, sigue estando fascinado por un Sócrates opuesto a toda cultura formal, que habla de un modo totalmente aliterario y que rechaza agresivo e irónico todo lo que sobrepasa al puro decir la verdad. Pero ¿qué es lo que Platón tenía contra los sofistas? Quizá la principal objeción radica en la corrupción de la palabra. El lenguaje es decir "algo" a "alguien". Aquello que las palabras deben hacer patente es la realidad, se habla para dar a conocer algo real; y darlo a conocer a alguien. Es a la vez un signo objetivo y un signo comunicativo. Ambos aspectos no son separables. ¿Qué otra cosa podría uno comunicar sino las cosas tal como son? Por tanto, hay una corrupción en la relación con la realidad y en la relación comunicativa. Un lenguaje que se emancipa del objeto, que es indiferente a la verdad, es asimismo un lenguaje sin destinatario o que lo desprecia.
En los diálogos de Platón hay una reiterada acusación: "Vosotros pensáis que sólo hay que preocuparse de las cosas en cuanto se puede hablar de ellas causando impresión; os vanagloriáis de convertir la razón más injusta, gracias al poder de la palabra, en la más justa y viceversa". Se trata de retórica, publicidad, afán de fascinar y agradar. Pero esa preocupación exclusiva por la "forma literaria", el ritmo, la melodía, el metaforismo y toda esa elegancia formal, puede ser vehículo de una doctrina falsa y destructora de la vida humana. Sí, los sofistas hicieron del lenguaje un arte, pero junto a ello, lo corrompieron. No es lo decisivo lo que se dice, sino el cómo, la forma, la dicción. Y hay algo de razón: no es el objeto lo que hace del lenguaje un arte, sino la forma lograda. Frente a eso Platón exige reconocer que algo puede estar quizá maravillosamente dicho, agudamente formulado, arrebatadoramente escrito, y, sin embargo, considerado en lo esencial, ser falso, vergonzoso y funesto. Puede ser radicalmente malo, a no ser que se entienda como artista de las palabras también al respetuoso de la verdad.
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